domingo, agosto 27, 2006

Punta roma...

Uno que tiene que ser apañado, o por lo menos aparentarlo (asín es la sociedad), se enfrenta a menudo con la labor, no muy dura, de plancharse sus camisas. Lejos quedan los tiempos en los que madre en "cero coma" (como dicen algunos) te planchaba las camisas dejándolas impecables.
Ahora que uno asume las labores que le son propias, consecuencia de la independencia (¿suena nacionalista?), se encuentra con los mismos problemas con los que tantas y tantas personas que planchan camisas se encuentran.

Lo malo de las camisas es que no puedes llevarlas arrugadas, salvo que seas Jesús Vázquez, cosa que servidor, por desgracia o por fortuna, no es. El proceso de planchado de una camisa empieza por un lado y termina por el otro. En fin, como casi todos los procesos. Sin embargo, hay partes de la camisa que son muy complicadas de planchar y siempre quedan arruguillas. Llamémoslas, pequeñas patas de gallo.

Estas extremidades avícolas se localizan en la parte de los hombros, concretamente, en el izquierdo y el derecho. Estas patas o arruguillas se deben a que como la punta de la tabla de planchado es roma, es decir, elíptica (exacto, como la plaza madrileña) la parte de los hombros de la camisa no encaja bien y hay que hacer virguerías para poder darle metal al asunto. Al ser la tabla asín, con su diseño a prueba de torpes, se impide lo que antaño se conocía como: "me clavao la punta la tabla en tol...".


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Algunas dirán que con cuerpos así no hacen falta camisas

Pero yo, humilde y anónimo planchador urbano de sus camisas, pido a los diseñadores de tablas de planchas (es decir, a los chinos o a los alemanes) que destierren la punta roma y nos hagan la vida más fácil con una punta "anfihexagonal". Que si me explico bien, me entenderéis.

Lo que yo pido es una punta donde al colocar la hombrera de la camisa no haya tela alguna que quede en el aire. Sino que toda la superficie de la hombrera esté en contacto con la tabla. Y así, sin piedad y con gusto, darle metal al asunto.

Señores fabricantes de tablas de planchar; aquí tienen un nuevo segmento comercial: los hombres que planchan sus camisas y no quieren tener patas de gallo en los hombros.


¡Planchadores del mundo, uníos!
Sigo pensando...
Solución mientras llega la punta "anfihexagonal": Siempre podemos buscar hueco para el Sr. Dressman de Siemens. Por cierto, no dejéis de consultar el link. Creo que si es tal como dicen se va a ganar ser elegido compañero del soplahojas.

2 comentarios:

Marina_Carmen dijo...

Mi querido y sufrido amigo: sobre el planchado de camisas habría mucho más que hablar pero es usted muy joven para recordar cuando las mismas debían llevar un buen almidonado, y no sólo eso sino que las planchas se calentaban encima de la cocina de carbón,y la tabla de planchar aún no se había inventado..... tiempos difíciles aquéllos, aforunadamente la evolución no sólo nos ha traido otras telas más fáciles de planchar, la plancha eléctrica y la tabla, sino que también nos ha traido la igualdad , el compartir todo o casi todo, ironías aparte mi comentario era para hacerle saber que junto con la tabla de planchar de siempre ha venido un anexo que se coloca para planchar las mangas y los hombros. Asi que hágaselo mirar y una de dos o su tabla está para cambiar ya de tanto uso, o su antiguo propietario/a se deshizo del artilugio en cuestión vaya usted a saber en qué circunstacias.
Un saludo Marina

J.Sarmiento dijo...

Gracias por tu comentario. Sin duda, los tiempos pasados eran más difíciles.

Conozco el artilugio al que haces mención, pero como bien apuntas, mi tabla carece de él.

Un saludo, Marina